sábado, 1 de septiembre de 2012

La conmovedora historia de Kafka y una niña que perdió su muñeca



Esta entrada cuenta dos historias: la de como me interesé por un escritor que hasta el momento no había despertado aún mi atención y sobre como ese mismo escritor me conmovió sin haber yo leído todavía nada de él. Absolutamente nada.

Fue poco después de entrar a la universidad. Ese día me había sentido frustrada delante del ordenador, pues llevaba días estancada en una historia que ni siquiera era tan compleja y, para colmo, tampoco tenía nada que leer. No, miento: ningún libro atraía mi interés. Cosa bastante rara, pues siempre, absolutamente siempre, tengo algo que leer.

Entonces, mientras navegaba aburrida por la web, topé con cierto artículo publicado en un blog donde alguien comentaba con bastante entusiasmo el argumento de un libro escrito por Jordi Sierra-Fabra. El libro se llamaba "Kafka y la muñeca viajera". Seguí leyendo la entrada y, más que con la reseña de un libro para niños, me hallé ante una historia asombrosa que me dejó parpadeando aturdida durante un buen rato.


La historia es así: cuentan que en los últimos días de su vida estaba Kafka paseando por un parque cuando el llanto desconsolado de una niña lo hizo detenerse. Intrigado, el escritor se acercó a la niña y le preguntó por qué lloraba. Ella le respondió que había perdido a su amada muñeca y no podía encontrarla. Así que Kafka, para consolarla, le dice que en realidad su muñeca no está perdida, sino que se había ido de viaje. Al preguntarle la niña como sabía él eso, Kafka, poniendo en evidencia su improvisación de escritor, le dice que lo sabe porque la muñeca le ha enviado una carta y que, si desea leerla, debían encontrarse la tarde siguiente en ese mismo parque.

Así fue como Kafka pasó cada noche, durante dos semanas, escribiendo una carta para aquella niña que hasta el día de hoy sigue siendo una desconocida. Cartas en donde él se hacía pasar por la muñeca viajera que recorría el mundo viviendo mil aventuras. Y cada tarde, Kafka se presentaba en el parque para entregarle las cartas a la niña.

Lo curioso es que esas cartas infantiles fueron escritas con el mismo ahínco con que Kafka construía todas sus historias, según contó Dora Diamant, la mujer con que el novelista convivió durante sus últimos años de vida. Kafka tomó absolutamente en serio la labor de escribir aquellas cartas que solo tendrían una única lectora, algo que no deja de impresionarme.

Admito que me desespera la idea de saber que esas cartas nunca fueron encontradas, porque la niña desapareció en la masa anónima del tiempo. Si alguien las hallara, serían oro en bruto: lo último de la obra literaria de un autor que ha descarnado la naturaleza del hombre y que sigue siendo- y seguirá siendo- uno de los referentes más sólidos en la historia de la literatura.

Sin embargo, me conmueve sobre todo ese gesto de ternura. Me pongo en el lugar de la niña y me imagino sintiendo una enorme felicidad al saber que mi amada muñeca está bien, ¡y que incluso me manda cartas contándome sus aventuras por el mundo! Pero por sobre todo, me pongo en el lugar de Kafka y siento la satisfacción de poder hacer feliz a una niña por medio de las palabras. Él, que sabía que sus días estaban contados, dedicó parte de éstos a escribir cartas cuyo único objetivo era alegrar a una pequeña con la que no tenía ningún lazo consanguíneo.

Pero me pregunto... ¿qué impulsó a Kafka a seguir escribiendo las cartas? ¿Un mero disfrute, un pasatiempo? ¿O vio en aquella inusitada labor algo más personal? Quién sabe que pasaba por su cabeza entonces, pero de lo que estoy segura es que ese pequeño gesto sin duda lo hizo sentirse bien, y tal vez los encuentros con aquella pequeña amiga le devolvieron la chispa juvenil que necesitaba en esos duros momentos de enfermedad.

Y es que Kafka, como insinúa en sus "Diarios", veía la literatura como el medio perfecto para escapar de la realidad: una forma de viajar hacia uno mismo y hacia todas partes a la vez. No puedo estar más que de acuerdo. Los lectores, como la niña que recibió aquellas cartas magníficas, solemos encontrar a menudo la realidad más absoluta en la más inesperada ficción. Esa es la magia de las palabras, y Kafka lo sabía.



Concluyo esta entrada recomendando el libro del autor Jordi Sierra I Fabra, en donde recrea la historia de Kafka y la niña con una maestría sensacional. Un libro entrañable que sencillamente conmoverá a cualquiera.

21 comentarios:

  1. Me alegro de que a ti también te haya gustado, es uno de los libros que también descubrí gracias a los blogs que sigo y desde entonces tengo ganas de leerlo, tiene pinta de ser una historia muy tierna
    besos

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    1. Esa es la magia de los blogs. Descubres siempre muchas cosas interesantes. Y sí, es una historia preciosa.

      Saludos, Tatty!

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  2. Ya me conmovió la historia, muy bonita entrada y gracias por la recomendación.
    Saludos!

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    1. Para eso la puse, para conmover! Me alegra que te gustara la entrada.

      Saludos!

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  3. Tengo que leer este libro. La historia la conocía porque también la narraba brevemente Auster en su novela Brooklyn Follies y me sorprendió muchísimo. Desde entonces tengo este libro pendiente, pero siempre se le cuelan otras lecturas...
    Besotes!!!

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    1. Sii, supe que Auster también la introducía en una de sus novelas (tengo que leerla >_<) Algún día dale una oportunidad al libro: no tardas ni dos horas en acabártelo.

      Abrazos!!

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  4. Hola! qué tal? Acabo de descubrir tu blog, le he estado echando un vistazo y me ha gustado mucho, volveré a visitarlo más a menudo, te mando un abrazote!

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    1. Hola, David! =D

      Me alegra que te haya gustado el blog! Estaremos encantados de tenerte como lector ^^

      Te mando un abrazo a ti también!

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  5. A mi me gustó muchísimo, una historia tierna y entrañable. Para disfrutarla tanto los adultos como los más peques.
    Un abrazo

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    1. Si, es una historia muy tierna. E ideal para un libro, como bien comprendió Jordi Sierra. Si algún día tengo hijos, ya sé que relato contarles cuando estén bien inquietos.

      Abrazos, Blanca! =)

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  6. Me parece una historia interesante :D. La verdad es que cuando pienso en Kafka se me viene a la cabeza una cucaracha gigante por eso de su obra "la metamorfosis" XD (no sé si la leíste, pero te la recomiendo encarecidamente, es muy interesante).

    Así que me lo apunto para mi lista de deseos literarios ;).

    Saludos y abrazos :).

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    1. Sí, madame Macabre, sí que me leí la Metamorfosis. Un libro impresionante, terrorífico y con un trasfondo inquietante de la naturaleza frívola del ser humano.

      Inevitable no imaginarse al pobre Gregorio Samsa como un bicho xDD

      Si algún día puedes, consigue el libo: es cortito. A mi me encantó.

      Saludos y abrazos a ti también! =D

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  7. Estoy deseando leerlo!! La segunda reseña que veo tan positiva :-) Un abrazo , te digo yo también!

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    1. Que bueno que ha captado tu atención! Yo te lo recomiendo encarecidamente: no te va a defraudar e incluso alguna lagrimilla querrás derramar.

      Un abrazo, Meg !! =)

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  8. Una entrada preciosa con una historia que despierta el interés. Me apunto el título, tiene pinta de ir a gustarme
    Besos

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    1. Que bueno que te gustara le entrada. Precisamente, sabía que a más de alguno le resultaría al menos curiosa ^^

      Ojalá algún día leas el libro. Es cortito y te encantará sin duda.

      Abrazos!

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  9. Es una historia muy bonita, además de un gran escritor Kafka debió ser una persona excepcional, no todos harían algo así. De Jordi Sierra i Fabra leí muchos libros juveniles de pequeña, no me importaría ver cómo ha recreado esta historia tan bonita. Un abrazo

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    1. Sin duda, Kafka tenía una sensibilidad notable como ser humano, no solo como novelista. Y eso se nota un poco en su mirada... no sé si a ti te da esa impresión.

      Ojalá te animes a leer el libro. Es una maravilla como Jordi recreó a ambos personajes: la niña y Kafka.

      Un abrazo a ti también, Carol! =D

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  10. Bueno Kafka era sin duda uno de los grandes... Y que tuviera ese gesto con la niña me parece enternecedor. Estrái bien que las carts salieran a l luz algún día ¿verdad?
    Besos

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  11. Me encantó la anécdota, no la conocía. Sin duda, cuánto nos dice sobre el clásico escritor y su amor por las letras. La palabra por lo visto era su don más preciado y que bueno que haya decidido compartirlo como muestra tu historia de manera tan desinteresada. Tendré en cuenta el libro de Jordi Sierra Fabra. Besos!

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  12. Vaya, a mi lo que me ha gustado que Kafka escribiera sólo para una persona y pusiera el mismo empeño que si fuera para una multitud. ¿imaginais a alguien con un blog con 1 seguidor y que ponga el mismo hincapie que si tuviera 10.000 seguidores? Eso seria hacer algo porque realmente te gusta. Si, a Kafka definitivamente le gustaba escribir :) Lo demás llega por si sólo, si se hace de verdad. Como esa preciosidad de historia convertida posteriormente en libro.

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